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El ojo morado de Carolina Sanín

Columna publicada el 2 de noviembre de 2016 en El Espectador.

Escribir el título de esta columna me dio terror y dolor.

Resulta que existe un grupo en Facebook que se llama “Chompos”, en donde estudiantes de los Andes, la universidad más cara y “exclusiva” (¿o excluyente?) de este país, se dedican a reproducir y glorificar formas de violencia que están naturalizadas en Colombia: el racismo, el clasismo y el machismo. Hace unas semanas se les ocurrió hacer un meme en el que comparaban a mujeres con comida. Y no a las mujeres en general, sino a unas muy específicas: Carolina Sanín y María Paulina Baena, que son dos voces fuertes en el panorama de opinión nacional. No las escogieron para el meme por ser bonitas o atractivas, para elogiarlas por su voz o hacerles un cumplido. Lo que tienen en común Sanín y Baena es que son mujeres que se salen de los roles de género tradicionales y con eso, desafían el statu quo. Así que la manera de “devolverlas a su puesto” es reducirlas a un objeto de consumo como la comida, y todo esto envuelto en el cuentico de que es “solo un chiste”.

Rajados en libertad de prensa

Columna publicada el 23 de diciembre de 2015 en El Espectador.

Muchos dicen que la situación de la libertad de expresión en Colombia, y especialmente la libertad de prensa, ha mejorado en los últimos años.

Sin duda ya el narco no le pone bombas a El Espectador, ni andan degollando periodistas en la capital. Esos ataques espectaculares son cosa del pasado. Ahora las amenazas son tácitas, los periodistas sabemos qué se puede decir y qué no sin que nadie nos de instrucciones, y basta el sonido de una moto rondando la casa para entrar en pánico o la posibilidad de una denuncia por injuria y calumnia —que quizá ganes aunque el proceso legal te lleve a la quiebra— para que “escojamos” callarnos. La violencia en Colombia se ha sofisticado; en eso siempre estamos a la vanguardia.

Un paseo por lo exótico

Columna publicada el 20 de noviembre de 2015 en Sin Embargo.

Los latinoamericanos vemos y entendemos y aprendimos el mundo bajo ese filtro de “Occidente”, y nos lo aplicamos a nosotros mismos. Foto: CuartoscuroLos latinoamericanos vemos y entendemos y aprendimos el mundo bajo ese filtro de “Occidente”, y nos lo aplicamos a nosotros mismos. Foto: Cuartoscuro

En la nueva serie gringa Quantico, (koo-aahn-tee-kou) un grupo de guapos y brillantes agentes en entrenamiento para el FBI trata de descubrir quién de ellos está detrás de unos ataques terroristas en Nueva York. Por aquello de la diversidad, la serie está protagonizada por una actriz india (Priyanka Chopra), y las gemelas del grupo son de hecho ¡musulmanas! Por supuesto, cada personaje tiene un secreto. El secreto de muchos consiste en hablar por teléfono usando alguna lengua árabe.

Tolerancia

Columna publicada el 24 de octubre de 2015 en El Heraldo

Yo no le eché gasolina a la casa, ni a ella ni a los pelaos. Tampoco los maltraté, lo único que yo hice fue prender el colchón y fue afuera de la casa”, declaró Federmann Carrillo. En la primera versión del incidente se dijo que el hombre había rociado con gasolina a su esposa, Katty Milena Reyes, y a sus tres hijos. En la foto que acompaña el artículo se puede ver la huella del colchón incinerado sobre el pasto. “Yo salí con los niños y llamé a la Policía y se lo llevaron, él ni a mí, ni a los niños nos echó gasolina”, dijo Reyes. “En ningún momento me golpeó ni a los niños, lo que quiero es que esto se arregle y que él vea por los pelaos porque yo no tengo a más nadie”, y añadió que “si de verdad” ella y los niños hubiesen sido agredidos, habría presentado cargos para encarcelarlo.

Esta noticia es paradigmática de cómo sucede la violencia doméstica. Para Reyes, una agresión sería un golpe directo a ella o a sus hijos, como si llegar borracho a sacarlos de la cama y quemar el colchón con gasolina no fuera un gesto dramáticamente violento e intimidante. Es violencia doméstica, simbólica, física y psicológica. Y no es que Reyes sea tonta o que no la pueda reconocer; como bien dice, necesita que su agresor esté libre para que la ayude con la manutención de sus hijos porque no tiene a nadie más.