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Feminismos y pop: caminos estéticos para hablar de derechos humanos

Estereotipas, “feminismo pop latinoamericano” es una colectiva que busca incidir en la manera en la que las mujeres jóvenes piensan sobre el feminismo y la desigualdad de género. Para ello, tratamos de traducir las grandes ideas del feminismo a un lenguaje y un formato asequible utilizando el humor, la estética del pop y las nuevas tecnologías.

Somos feministas porque nadie debe ser discriminado por su género o/y orientación sexual, clase, raza, etnia, lugar de origen, y los feminismos nos han dado las herramientas y los argumentos para hacer una revolución pacífica que resulte un mundo más justo. Somos latinoamericanas porque creemos en la importancia de los lazos no solo entre mujeres y entre personas sino entre regiones y la importancia de generar, en nuestra lengua, nuestras propias historias, referentes, símbolos y discursos. Somos pop porque creemos que el medio importa para transmitir el mensaje y que el pop es un lenguaje perfecto para hacer que las ideas del feminismo impacten nuestra cultura y cambien el sistema.

Muchas de las expresiones de los feminismo que se dieron en la tercera ola tuvieron que ver con la apropiación de insultos, ataques y prejuicios, a través de medios visuales, audiovisuales, a través del lenguaje y de las subculturas. Estas también son formas de renacer del discurso de víctima (otro meme), pues sí, las mujeres somos víctimas pero nadie quiere hablar desde esa posición, quizás conviene tomar una postura crítica frente a lo resbaloso que es el sexismo, el racismo, el clasicismo y otros memes de dominación tejidos en nuestra cultura. Un ejemplo perfecto son las Guerrilla Grrrls, las Riot Grrrls, que con solo suprimir una vocal de la palabra convirtieron un insulto condescendiente en un rugido. Estos son los referentes directos de Estereotipas. Referentes que también se enfrentan a la pregunta de si movimientos como los feminismos, que buscan desmontar el patriarcado, puedan existir dentro de su mejor aliado que es el capitalismo. La primera respuesta es sencilla: el feminismo siempre ha tenido que lidiar con el capitalismo, algunas de las vetas más poderosas del movimiento de mujeres nacieron de sus entrañas. Pero el capitalismo es un modelo económico de explotación, y en una sociedad patriarcal las explotadas terminan siendo las mujeres. Por eso el feminismo le debe al capitalismo una crítica permanente. Y se mantiene la pregunta: ¿se puede hacer feminismo y resistencia, con el lenguaje natural del capitalismo que es el pop?

Dioses y humanos

Columna publicada el 13 de enero de 2016 en Sin Embargo.

David Bowie en su periodo como Ziggy Stardust en Filadelfia en una fotografía de archivo del 1 de diciembre de 1972. Foto: APDavid Bowie en su periodo como Ziggy Stardust en Filadelfia en una fotografía de archivo del 1 de diciembre de 1972. Foto: AP

“Los poetas, amor mío,
son unos hombres horribles,
unos monstruos de soledad.
Evítalos siempre, comenzando por mí.
Los poetas, amor mío,
son para leerlos, mas no hagas caso
a lo que hagan en sus vidas”.

Raúl Gómez Jattin

Somos muchas las personas, en tantos países y de varias generaciones a las que David Bowie nos cambió la vida. Ésta siempre es una afirmación curiosa porque se dice con una implacable convicción y amor, aunque estemos hablando de una persona con la que jamás tuvimos una conversación. Pero en muchos momentos de felicidad o de angustia ahí estaba la música, o las imágenes, o el mismo performance vital que era su cotidiano, su masculinidad suave, andrógina, que nos dejaba imaginar que nosotros también podíamos ser como quisiéramos, y también estaban todas las veces que coreando Changes, nos sentimos menos raros y menos solos. Incluso para quienes acaban de descubrirlo –gracias a su muerte, cualquier razón vale- será como nada ni nadie que jamás hayan visto. David Bowie es un Dios.

Pero también un humano. Horas después de que miles de seguidores empezaran a homenajearlo en las redes sociales volvieron a circular dos acusaciones por violación al artista: una por tener sexo con una menor (de 14-15 años) en California (statutory rape) y otra en Dallas por una mujer de 30 años que exigía que Bowie se hiciera un examen de VIH (a lo que la estrella estuvo dispuesto sin problema). Es importante aclarar que en ambos casos un juzgado falló a favor de la inocencia de Bowie. También podríamos hablar del contexto: el límite de edad en California eran los 18 años y eran los tiempos de las baby groupies que se ofrecían a los rockstars convirtiendo a las celebridades en trofeos. Uno podría argumentar, con buenas probabilidades de tener la razón, que las groupies tenían suficiente agencia para decidir con quién acostarse.

Superpo(p)derosas

Columna publicada el 30 de diciembre de 2015 en Sin Embargo.

Las series de televisión son a la vez espejo y meta: reflejo de lo que somos y de lo que aspiramos a ser.Las series de televisión son a la vez espejo y meta: reflejo de lo que somos y de lo que aspiramos a ser.

Cuando era niña jugaba con mis amigos a representar los personajes de las series de caricaturas que veíamos. Teníamos un problema recurrente: usualmente éramos más niñas que niños, pero con los personajes sucedía a la inversa. Por ejemplo, los Thundercats solo tenían a Chitara (la mujer) y a WillyKit (la niña) y una vez repartidos estos roles las niñas teníamos que “hacer de hombres”. El ejemplo, particular y subjetivo, es sintomático de que casi no hubiera suficientes representaciones de mujeres en la cultura pop y para niños, y las pocas que existían eran bastante unidimensionales: su principal gracia solía ser “ser la mujer” (Pitufina, Abril O’Neil) o caían en reduccionismos binarios como “la rubia y la morena” (Betty y Verónica), la “vixen” y la “girl next door” (Ginger y Mary Jane) o la bonita y la inteligente (Daphne y Vilma). Las niñas no contábamos con ficciones variadas y suficientes para imaginarnos.

Reggaetón y literatura

Artículo publicado el 7 de agosto de 2015 en i-D

Entre los argumentos en contra del reggaetón uno de los más recurrentes y aceptados es que sus letras no tienen un valor cultural o literario y que por el contrario denotan una “falta de cultura”. Por supuesto, esa expresión coloquial entiende “cultura” según unos modelos hegemónicos, eurocentristas y anglocentristas, en donde la cultura viene siendo una cosa reverencial de ver y no tocar, y que incluye a, y solo puede apreciarse con, la música “clásica” o instrumental, o con música indie de guitarritas simplonas que aguadan estribillos del pop anglosajón. Por eso, la gente asociará a Beethoven con “lo culto” aunque solo lo escuche en el ringtone del celular, y tendrá una apreciación vergonzante del reggaetón que sí escucha en su cotidianidad.