Etiqueta: educación

La táctica del avestruz

Columna publicada el 21 de septiembre de 2016 en El Espectador.

Acaba de levantar indignación en Colombia una encuesta del DANE, aplicada a adolescentes entre los 12 y los 16 años, por mandato de la Ley 79 de 2001, que busca medir las experiencias que tienen respecto al sexo.

Contiene preguntas explícitas, como si han recibido sobornos a cambio de sexo, o si han sido tocados sexualmente sin su consentimiento y por quién. “Los niños y niñas que no están sometidos a este tipos de experiencias, simplemente no avanzan en el cuestionario electrónico”, dijo a RCN Radio el director del DANE, Mauricio Perfetti. Sin embargo, los padres de familia se enteraron del cuestionario y están indignadisimos, protestando, porque las preguntas son “agresivas”, “bruscas”, que ese no es el lenguaje, y los colegios dicen que no quieren aplicar la encuesta sin el consentimiento expreso de los padres y que, no importa que en Colombia esté prohibido negar datos estadísticos, no preguntarán lo que no quieren saber.

Las marchas del odio (y una esperanza)

Columna publicada el 13 de agosto de 2016 en El Heraldo.

Las Marchas de odio el miércoles en Barranquilla son una vergüenza para la ciudad. Fue un tenebroso contrasentido llenar la Plaza de la Paz con un reclamo por la discriminación y la violencia; un testimonio de la ignorancia y fanatismo conservador de muchos barranquilleros. El alcalde Char, como sabe que esos son votos, dio unas declaraciones ni fu ni fa: “Barranquilla es incluyente pero cree en los valores familiares”. Pero no, Barranquilla no es incluyente, y usa el término “valores familiares” para justificar una discriminación que, además de ser inconstitucional, cobra vidas: el Caribe es la región de Colombia con más crímenes de odio contra la población LGBTI.

La manzana

Columna publicada en El Espectador el 4 de agosto de 2016.

En el mito fundacional de la cosmogonía judeocristiana, Adán y Eva fueron expulsados del “Paraíso” por caer en “la tentación de morder el misterioso fruto del «Árbol del conocimiento»”. Adán y Eva, “menores de edad”, no saben, por lo tanto, no tienen “culpa” (o responsabilidad). Morder del fruto del Árbol del conocimiento les levanta un velo de los ojos. Esa desobediencia por “querer saber”, que es en esencia una postura crítica ante la autoridad (Dios), hace que Adán y Eva sean expulsados del Paraíso cargando con el “pecado original”.

Uno puede hacer muchas interpretaciones de esta historia paradigmática del pensamiento occidental. Por ejemplo, uno podría entender que es propio de lo humano el interés por el conocimiento y que con la expulsión del Paraíso nació el libre albedrío. Otra interpretación, que confunde inocencia con ignorancia, apunta a que el conocimiento es malo y que debemos obedecer ciegamente a la autoridad religiosa sin cuestionarla. Aunque esa obediencia a la doctrina judeocristiana es selectiva. Nadie impulsa referendos para prohibir el cerdo y el camarón. En realidad esa “obediencia ciega” se ocupa de defender a toda costa las estructuras tradicionales de poder y el statu quo. Aquí nace una de las vetas más nefastas del cristianismo: una persecución contra la ciencia, y contra cualquier individuo que cuestionara estas estructuras de poder, y que llevó a muchos y muchas a la hoguera. Los cristianos (y quienes hemos sido educados en la cultura cristiana) le debemos a la humanidad todos estos asesinatos, cometidos en defensa de la ignorancia y el poder, pero en nombre de la fe.

Una culebra llamada Colfuturo

Columna publicada el 8 de junio de 2016 en El Espectador.

Desde que el dólar subió desaforadamente, los “becarios” de Colfuturo están del cuello y ni la Fundación ni el Estado parecen querer apersonarse del problema.

Un importante porcentaje de los profesionales colombianos con posgrado en el exterior (1.511 en 2015) tiene préstamo con Colfuturo, que canaliza gran parte de los recursos del Estado para educación y, en vez de becas, como otros países, les ofrece préstamos condonables. Aunque el modelo dio resultados en el pasado, colapsó con la subida del dólar y la deuda con Colfuturo se convirtió en la cruz que hoy cargan los profesionales de clase media colombianos.

Ellos pueden estudiar en paz. ¿Por qué nosotras no?

Columna publicada el 5 de mayo de 2016 en Univisión.

Siempre que se habla de los altísimo índices de acoso en los campus universitario se refiere también que las mujeres no deberían tomar licor o dormir fuera de casa; pero ¿por qué terminamos nosotras siempre siendo las responsables del acoso?

Cuando estaba en primer semestre de universidad un profesor me invitó a su casa… no recuerdo ni a qué, ¿a recoger unas fotocopias? ¿a prestarme un libro? Yo sentía que su interés por darme información era una forma de validar mi talento como estudiante. Fui a su casa. Debo admitir que con cierta incomodidad. Pero en realidad no tenía razón para sospechar nada malo.

Cuando fui a su casa me contó que tenía novia, pero “que no había problema”. Sin embargo me pidió guardar silencio cuando ella lo llamó por teléfono. Muy casualmente logró meter en la conversación comentarios sobre lo bonitas que eran mis tetas y me preguntó “si era virgen”.

Yo me sentí incómoda. Dije que mi amiga me esperaba para una cena en su casa y me fui, sin entender en realidad por qué había querido irme tan rápido. Yo tenía 16 años. Tuve la suerte de hacerle caso a mis instintos. Seguí viendo mi clase como si nada y decidí nunca volver a ver fuera de aulas a este profesor.

Tierra mala

Columna publicada el 2 de febrero de 2016 en El Heraldo.

Esta semana una profesora del Colegio Sagrado Corazón en Aguachica, Cesar, divulgó en redes sociales un video que muestra cómo se roban la comida de los niños y niñas en el plantel educativo. El video muestra a los estudiantes en fila, posando cada uno con el mismo plato de comida (para tener registro de la entrega). Después, en otra fila, les entregan, en la mano, un par de patacones: el “verdadero almuerzo”. El video ha destapado las nefastas condiciones del plantel y una sarta de irregularidades que delatan un robo millonario. Hoy también se conocen imágenes de niños y niñas tirados en el suelo comiendo un huevo duro y un mango en el mismo colegio.