Categoría: perreo

Reggaetón y literatura

Artículo publicado el 7 de agosto de 2015 en i-D

Entre los argumentos en contra del reggaetón uno de los más recurrentes y aceptados es que sus letras no tienen un valor cultural o literario y que por el contrario denotan una “falta de cultura”. Por supuesto, esa expresión coloquial entiende “cultura” según unos modelos hegemónicos, eurocentristas y anglocentristas, en donde la cultura viene siendo una cosa reverencial de ver y no tocar, y que incluye a, y solo puede apreciarse con, la música “clásica” o instrumental, o con música indie de guitarritas simplonas que aguadan estribillos del pop anglosajón. Por eso, la gente asociará a Beethoven con “lo culto” aunque solo lo escuche en el ringtone del celular, y tendrá una apreciación vergonzante del reggaetón que sí escucha en su cotidianidad.

Sexo por baile

Columna publicada el 18 de julio de 2015 en El Heraldo

En una columna de Ámbito Jurídico, el abogado Eduardo Varela Pezzano habla de “El problema de prohibir los bailes eróticos en Cartagena”. Aunque el abogado argumenta que el proyecto no debe prohibir bailar reguetón o champeta a los adultos, está de acuerdo con “regular los bailes sexuales o eróticos de menores de edad”. “Los niños y niñas tienen que divertirse, pero sin incitar deseos sexuales que puedan llevar al riesgo de embarazo a una temprana edad por culpa de los colegios. Aquí no hay nada que discutir”. Yo en cambio creo que lo que hay que discutir en esa afirmación es mucho. ¿Qué es un contacto físico de tipo sexual? ¿Cuáles son los bailes de niños y cuáles son los bailes de adultos? Creo que en el debate sobre el proyecto censor del Concejo cartagenero se está dando por sentado que el reguetón y la champeta son “bailes sexuales y eróticos” y que sus movimientos pélvicos “incitan al deseo”.

Embarazo por baile

Columna publicada el 11 de julio de 2015 en El Heraldo.

Ren McCormack, encarnado en Kevin Bacon, es un adolescente que creció en Chicago y se muda con sus tíos a Bomont, un pueblito donde el concejo del pueblo ha prohibido la música rock y el baile. McCormack argumenta en contra de la medida citando unos versos de la Biblia, para que las autoridades ultraconservadoras entiendan el mensaje en su propio idioma. La esposa del reverendo Moore (líder del pueblo) le dice a su esposo que no “puede ser el padre de todos” y queda especialmente aterrada cuando la cosa escala a la quema de libros que puedan ser “peligrosos para la juventud”. Al final, la prohibición no se levanta y los adolescentes resuelven hacer su fiesta de graduación en una granja en las afueras. Footloose está basada en la historia real de una pequeña comunidad rural y religiosa, Elmore City, en Oklahoma, y está a punto de repetirse en, ni más ni menos, una de las ciudades con mayor patrimonio cultural y rítmico del mundo: Cartagena.

Homicidio por baile

Columna publicada el 6 de junio de 2015 en El Heraldo.

Hace unas semanas, el alcalde de Cartagena, Dionisio Vélez, soltó los siguientes tuits: “No podemos permitir que los Pick Up (sic) se conviertan en fuente de alteración del orden público.”, “El principal objetivo es ejercer controles más estrictos, sobretodo (sic) en aquellas poblaciones donde se ha registrado homicidios por bailes (sic).”, “Además de ser irregulares los Pick Up son desconsiderados con los vecinos. Debemos amparar el derecho a la tranquilidad y el descanso.” El alcalde se refiere, con su elegante inglés, a las fiestas de picó que hacen cada quince días en la Plaza de toros los picoteros y champeteros de Cartagena. Fiestas que desde sus inicios han sido estigmatizadas (la misma palabra ‘champeta’ significa feo, ordinario) y se cree que el público de estos eventos está constituido por ‘la peor ralea’ que hay en la ciudad de Cartagena, son los negros y los pobres (y los negros pobres).

Cerebros y culos

Columna publicada el 14 de abril de 2015 en Sin Embargo.

Carnaval de Barranquilla 2014

La semana pasada arrancó con una idea maravillosa, la genial campaña de la facultad de Filología de la UNAM, “Perrea un libro”. La campaña presenta los bajísimos índices de lectura en México y se alía con el reguetonero Baby Killa para usar el texto de un libro como letra de una canción de reggaeton. En el video se ve a la gente perreando contenta, y al final, el cantante les cuenta de qué libro salió la letra al son de la cual movían sus culos, para fomentar la lectura. Bravísimo.

Pero la dicha fue fugaz.

Los académicos empezaron a recibir críticas y burlas en las redes sociales y no fueron capaces de respaldar la campaña con argumentos. Borraron todo rastro de sus redes oficiales, y nos dejaron un claro mensaje de que en la academia no se perrea.

Apretaíto

Columna publicada el 16 de febrero de 2015 en Sin Embargo.

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Cuando me pidieron hacer un playlist para SinEmbargo, sin dudarlo pensé en hacer una lista con los éxitos de un género que para mí (y para muchos) es el aporte más revolucionario de la música colombiana al mundo en los últimos treinta años: la champeta. La champeta es un ritmo que nació en los barrios marginales y negros de Cartagena de Indias, nuestra ciudad más turística en el Caribe y antigua central de distribución de esclavos para toda Latinoamérica. Por eso todo el escenario social, cultural y antropológico de la champeta tiene que ver con la marginación y la resistencia, con el paso del arrabal al salón (de hecho, el PNUD ya dijo que “es una práctica incluyente de las comunidades afrodescendientes en todo el mundo”, es decir, ya hay un aval institucional internacional para que la champeta suene en un salón). La historia es arquetípica de muchos géneros como el tango y la cumbia, con los que la champeta también comparte las maneras posmodernas del remix y uno que otro dilema sobre la moral, el sexo, y hasta los derechos de autor. El fenómeno es fascinante y en Colombia quizás ya no es necesaria una introducción, sin embargo, para mostrar este género ante un público mexicano y latinoamericano, me gustaría tomarme el tiempo para contarles qué es lo que hace que la champeta genere tanta incomodidad y tanta devoción.

A mover el culo, o una defensa del perreo

Recientemente unos ingeniosos y socialmente conscientes fotógrafos colombianos sacaron una campaña para hacernos ver (gracias, no nos habíamos dado cuenta) cuán misóginas y violentas son las letras del reggaeton. Así que las fotos nos muestran a un hombre “comiéndose” a una mujer, a una chica “clavada” contra la pared, y así, en un despliegue de pericia técnica y poca imaginación. Debajo de las fotos se lee “Usa la razón”.

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De entrada hay que decir que quien le reclama racionalidad al reggaeton no entiende nada del género y debería irse a su casa a escuchar Sigur Ross. El reggaeton no está para educar, las artes y el entretenimiento no están para educar. Es la educación la que está para educar. Es sorprendente que aún persistan esas maneras platónicas, que no entienden que el arte y el entretenimiento son síntoma y no causa de los problemas sociales, una manera de verlos, asumirlos entenderlos, no de corregirlos. Nadie folla más por bailar reggaeton (ya quisieran) y quien planea dejar la educación sexual de los jóvenes a un género de música simplemente está evadiendo la responsabilidad.