Categoría: Feminismo y género

A las patadas

Columna publicada el 22 de marzo de 2017 en El Espectador.

“Opa, opa”, y el condescendiente “ese es un buen tema, lo podemos discutir”, le decía un coro de hombres a la periodista Andrea Guerrero cuando se tomó el micrófono para decir que se sentía agredida por el llamado del futbolista Pablo Armero, detenido el año pasado en Miami por coger del pelo a su pareja e intentar cortarle las extensiones en castigo porque ella no quería tener sexo con él. Cuento de nuevo la agresión con detalle pues no fue cualquier cosa, no hubo ambigüedad alguna en la violencia machista que ejerció contra su pareja. Como tampoco hubo ambigüedad en la postura del consulado: a favor de Armero. “No comparto que mi selección, la que tiene mis ídolos, tenga un hombre que maltrató a su mujer”, dijo la periodista, con una asertividad que muchos medios han llamado “enfado”, y la verdad es que todos debemos compartir su indignación.

Deporte y violencia

Columna publicada el 25 de marzo de 2017 en El Heraldo.

La periodista deportiva Andrea Guerrero tiene razón en temer que alguien se atreva a hacerle daño en sus apariciones en público, especialmente en el estadio. Lleva días de recibir avalanchas de odio en Internet, que incluyen amenazas de asesinato y de violación, hasta tipos que escarban en sus declaraciones de hace años, supuestamente para mostrarnos que “se contradice”. A pesar de todo el ruido, nadie ha podido rebatir realmente la queja de Guerrero: un jugador de fútbol que comete violencia de género no debe estar en la selección, pues una violencia así es delito, no hace parte de su vida privada, y su presencia en la selección nos dice a las colombianas que la dignidad de las mujeres no vale lo que un partido de fútbol.

La Plaqueja que rompió Internet

Quiero dedicar unas líneas a reflexionar sobre el más reciente caso viral de acoso en Ciudad de México que podríamos llamar “la Plaqueja que rompió Internet” porque es un episodio muy revelador de todos esos debates interseccionales sobre género, clase y raza que desde el feminismo queremos dar.

Resulta que Tamara de Anda, una reconocida bloguera feminista y colaboradora de varios medios iba caminando por la calle cuando un taxista le gritó “guapa”. ¿Quería este taxista entablar una amistad con Tamara (y le digo Tamara porque, antes de que salgan con suspicacias, es amiga mía) o porque pensara que le iba alegrar el día? No. Le grita guapa porque ella estaba ahí y él estaba en su carro, y seguramente hace eso con todas las mujeres que le pasan frente al carro. Mujeres que, como Tamara, se sienten incómodas, intimidadas, asqueadas o como mínimo molestas porque cualquier tipo que esté en la calle crea que puede comentar su cuerpo.

Las cosas por su nombre

Columna publicada el 15 de marzo de 2017 en El Espectador.

Con el reciente feminicidio de Maribel Buitrago y el asesinato de su hijo a manos de su expareja y padre del mismo, Giovanny Sánchez, los medios de comunicación han vuelto a caer en los graves errores que normalizan y justifican este tipo de violencia. Sin ir más lejos, en la nota del periódico El Espectador se lee: “El último crimen pasional [..] fue cuando Angie Katherine Herrera fue golpeada y herida con arma blanca por su expareja, un patrullero de la Policía”. ¿Acaso las muertes de Herrera y Buitrago fueron ocasionadas por la inmensa pasión de sus parejas? No. Pero la palabra feminicidio, que es el tipo legal correcto desde que en Colombia existe la Ley Rosa Elvira Cely, brilla por su ausencia.

¿Es machista que los hombres paguen la cuenta?

Columna publicada en la revista Cromos el 13 de marzo de 2017.

Hay una respuesta corta a esta pregunta: si alguien me invita a comer porque quiere hacerme una atención, no veo por qué negarme. Ahora, la cosa cambia montones si quien paga asume que invitarme a comer le da derechos sobre mi vida, o sobre mi cuerpo.

Pero hay otra respuesta más complicada. Supongamos que esto es una cita romántica entre una pareja heterosexual. Esta aclaración es importante porque otras parejas, como las del mismo sexo, tienen otro tipo de dinámicas de poder. Pero con las parejas heterosexuales hay infinitas reglas de cortejo, construcciones sociales impuestas desde hace años, y el subtexto específico de pagar la cuenta es que el hombre debe ser el macho proveedor, el que puede demostrarle a la chica que es capaz de “tenerla como una reina”.

Camellando

Columna publicada el 11 de marzo de 2017 en El Heraldo.

El año pasado la artista plástica y cantante colombiana Lido Pimienta, quien se mueve entre Londres y Toronto y es una de las artistas pop más prometedoras de la escena contemporánea, hizo un cover de la canción Work, de Riahnna, usando el lenguaje coloquial barranquillero y muchos de sus recuerdos de cuando vivió en esta ciudad.

La canción se llama “Camellando” y retoma las historias que le contaban las vendedoras de las calles, de empanadas, de jugo de naranja, muchas veces acompañadas por sus hijos, trabajando de sol a sol. Las mujeres le contaba a la artista, una y otra vez, la misma historia: que trabajaban tanto, usualmente para mantener a un hombre y mantener una familia, en su coro repite el estribillo “camellando, camellando, camellando, me la paso camellando y tu vagabundeando” y hace referencia a esos hombres, mantenidos por estas mujeres trabajadoras, flojos, infieles, dormilones, dispuestos a irse con otra para afirmar su masculinidad, mientras ellas trabajaban, o hacer largas siestas, con la tranquilidad de tener a su lado mujeres decididas a proveer.  “Yo sé que tu me quieres, a tu manera tu me quieres” canta Pimienta, retomando los testimonios de estas mujeres que intentan excusar el comportamiento de sus parejas, de justificar ese amor inmerecido que reciben.

Cerdos publicistas

Columna publicada el 9 de marzo de 2017 en El Espectador.

Esta semana se dio a conocer en la prensa el caso de Oriana Castro, una publicista de Leo Burnett que fue acosada en masa por varios de sus compañeros de trabajo. Oriana cuenta que en las fiestas se dedicaban a agarrarle el culo sin su consentimiento y denunció en Recursos Humanos específicamente al publicista Lukas Calderón quien, según los testimonios de varias mujeres, morbosea las fotos de Facebook de sus compañeras para intimidarlas, les dice que son “la mujer de su vida” y hasta llega a perseguirlas obsesivamente. Cuando Castro denunció este comportamiento con la directora Claudia Vargas, ella fingió apoyarla, y luego le sentó a sus dos jefes en frente para que le dijeran que “todos «la molestaban»”, que “por qué la emprendía con Calderón” y se ríeron en su cara. Después los mismos jefes se sentaron con el agresor y salieron de la oficina como si nada.