Categoría: Amor

¿Prohibir los piropos?

Columna publicada en El Heraldo el 3 de diciembre de 2016.

En el municipio de Timbío, al sur de Popayán, y con motivo del 25 de noviembre, Día mundial para la eliminación de la violencia contra las mujeres, acaban de prohibir el acoso callejero por decreto. Hoy, por las calles del municipio se pueden ver unas señales en las que se lee: “Eso que tu llamas piropo es acoso callejero y agrede e intimida a las mujeres” o “Un galán no acosa a las mujeres en la calle, haz de Timbío un territorio seguro para ellas”. Las instalaron en seis puntos identificados por las mismas mujeres como los más difíciles de transitar. “Están en la esquina de ‘El bostezo’, cerca de la plaza de mercado, donde se hacen los taxistas y conductores interveredales; en la Terminal de Transporte Transtimbío; en el parque central; en la cancha de fútbol sala donde el domingo en la tarde ninguna mujer se atreve a acercarse y hasta en los alrededores de la Policía y en frente de la Alcaldía” informa el periódico El Tiempo. 

La familia múltiple

Columna publicada el 29 de junio de 2016 en El Espectador.

“Empleadas que sostengan romance con su jefe tendrán derecho a herencia” titula Kien y Ke junto a la foto de una mujer rubia arrodillada limpiando el piso y viendo fijamente a un hombre sin rostro que se anuda la corbata. “En Colombia ser moza sí paga” titula el portal Hsbc Noticias y Semana ilustra con una foto de stock en la que un hombre abraza a una mujer con rulos (obvio, la esposa) mientras piensa en su joven y bella amante. Varios medios de comunicación se están dando un festín con el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia que establece que una empleada doméstica que vivía en concubinato con su empleador podrá también ser su heredera. Aunque la historia se está enmarcando como un culebrón tipo Dos mujeres un camino, el fallo es revolucionario porque abre la puerta a que se reconozca legalmente una realidad innegable: que las familias son complejas y variadas, que el modelo binario y heterosexual no basta para reconocer las relaciones familiares que entablamos. Detrás del juicio moral está la pregunta sobre qué es lo que constituye una familia: el apego a un paradigma abstracto o el trabajo y los afectos de todos los días.

Matrimonio

Columna publicada el 19 de diciembre de 2015 en El Heraldo

En muchos círculos (como el de los intelectuales liberales y algunos feminismos), el matrimonio tiene una fama atroz (y justificada). Durante muchos años fue un sutil y no tan sutil arreglo económico o un requisito ineludible para existir en sociedad. Había tantas razones para casarse –desde el pecado hasta querer perpetuar el apellido– que casi que la razón más superflua era el amor. Por otro lado, tradicionalmente las mujeres hemos llevado las de perder pues, desde tener funciones innegociables de reproducción y limpieza de la casa, hasta las historias de horror del maltrato doméstico, el matrimonio no fue tan bonito como se lo pintaron a nuestras abuelas, y bisabuelas y tatarabuelas y así. Hasta 1997, había una pena menor para el marido que ejerciera violencia sexual contra su esposa y antes ni siquiera había pena. Es decir, hasta hace poco, el contrato matrimonial le daba derechos de acceso carnal, como un “consentimiento previo” a los maridos sobre nuestros cuerpos, prácticamente un contrato de esclavitud. Horror.

El amor (pos)moderno o Filosofía para un dragón

Columna publicada el 18 de diciembre de 2015 en Sin Embargo.

(Modern love) walks beside me

(Modern love) walks on by

(Modern love) gets me to the church on time

(Church on time) terrifies me

(Church on time) makes me party

(Church on time) puts my trust in God and Man

(God and Man) no confessions

(God and Man) no religion

(God and Man) don’t believe in Modern Love

Lejos de trivializar el amor, la posmodernidad ha hecho más preciosas esas pocas cosas que todavía tienen aura.Lejos de trivializar el amor, la posmodernidad ha hecho más preciosas esas pocas cosas que todavía tienen aura.

Hace unos años Zygmunt Bauman sacó un libro, best seller, llamado Amor líquido, en donde habla de las formas posmodernas que adopta esa experiencia misteriosa que siempre hemos llamado “amor”. El libro me pareció desolador porque básicamente propone que los vínculos humanos contemporáneos son, de manera casi irremediable, tremendamente frágiles, y están caracterizados por una carencia de solidez, calidez y una tendencia a ser cada vez más fugaces y superficiales. Para Bauman, el amor posmoderno es una suerte de consumo mutuo en donde las costumbres económicas invaden las relaciones personales y las personas se convierten en objetos de consumo con quienes resulta costoso crear un vínculo profundo. Aunque muchas de nuestras experiencias nos pueden hacer pensar que esto es verosímil, sigue existiendo el desafío empírico de que incluso siendo esquivos o azarosos, estos vínculos profundos existen, y hay una experiencia común de este amor, “amor amor”, que parece darle sentido e intensidad a todos los ámbitos de nuestras vidas.

Quiero partir de que yo, como persona enamorada, y con esa fe (o locura) que el enamoramiento da sobre la experiencia del amor, afirmo este tipo de vínculos significativos siguen siendo importantes. No soy la única que lo afirma y todas estas experiencias en donde uno manifiesta “que ama” tienen unas señales comunes, son todas únicas y a la vez todas trasversales. Como la única prueba de una cosa tan subjetiva como el amor es que haya personas que digan que el amor existe, la duda puede saciarse en que nuestra cultura en todas sus manifestaciones parece ser un largo y variado testimonio del amor. ¿Podemos pensar en un amor que sea una experiencia significativa, impredecible, cambiavidas (o lo que en filosofía se llama un “acontecimiento”)?

El virus y yo

Columna publicada el 4 de diciembre de 2015 en Sin Embargo.

En la generación de mi mamá varias personas empezaron a enfermarse de un virus misterioso, incurable. Un amigo suyo, genio matemático que se fue a vivir a Dinamarca y que se dedicó a ser bailarín y coreógrafo, fue uno de los afectados, pero nadie nunca se atrevía a mencionar el nombre de su enfermedad. Yo nunca conocí al amigo de mi mamá, pues murió cuando era aún una niña, pero como era escritor, y además escribía libros para niños -que en realidad eran para adultos- yo sentía que lo conocía y que era mi amigo. La verdad es que lo quise mucho.