Categoría: Derechos de autor

En silencio

Columna publicada el 12 de febrero en El Heraldo.

¡A pagar por la música en los buses!, anuncia Sayco-Acinpro, que acaba de sacarse de la manga una nueva manera de lucrarse de nosotros. Resulta que en Colombia, y esto lo sabemos desde hace rato, el marco de ley para derechos de autor es un desastre. Por ejemplo: nuestra ley no permite prestar libros sin autorización expresa del autor. Esto hace de las bibliotecas gigantescos emporios de la piratería que caerían como un castillo de naipes si alguien quisiera demandarlas. En 2010, le llegó una carta del programa de Piratería de Obras Cinematográficas a la biblioteca de los Andes pidiendo un montón de plata para legalizar el préstamo de las películas. Hoy no pueden sacarse de esa biblioteca y solo pueden verse en grupos de máximo seis personas.

Derecho a la desindexación

Columna publicada el 9 de diciembre de 2015 en El Espectador.

Quizá sea imposible medir con exactitud el daño personal y profesional que han causado las falsas acusaciones sobre “plagio” a la filósofa javeriana María Salomé Sánchez, cuyo caso fue tema de esta columna hace unas semanas.

Aunque el fallo de la Superintendencia logró bajar del aire la información maliciosa que sobre ella aparecía en el portal PlagioSOS, el fallo no se ha hecho extensivo a Google, y si uno busca su nombre puede encontrar las acusaciones falsas indexadas, y hasta sus datos personales. Cada vez que va a buscar trabajo y sus posibles empleadores la guglean, aparecen estas calumnias. Cuando Sánchez logra convencerlos de que son falsas tampoco eso le garantiza un trabajo. Un ejemplo reciente es que unos posibles empleadores decidieron no contratarla, pues si alguien le ha dedicado una venganza personal tan ensañada y meticulosa, resulta verosímil que las agresiones escalen a la vida real. “Qué tal que vengan a echarle ácido” le dijeron antes de descartarla para el puesto.

CalumnioSOS

Columna publicada el 25 de noviembre de 2015 en El Espectador.

Hace más de un año, María Salomé Sánchez Monsalve, filósofa de la Universidad Javeriana, recibió un correo de su facultad preguntando por un mensaje anónimo en el que se le acusaba de “plagio”.

Según el anónimo, en una “revisión de rutina de las tesis de pregrado” (¿quién hace eso?) habían “descubierto” que la tesis de Sánchez sobre el filósofo latinoamericano Leopoldo Zea era un “plagio”, y ahora, por puro “deber ciudadano”, la denunciaban ante la universidad. Con recalcitrante resentimiento el anónimo contaba que Sánchez se había ido a estudiar una maestría a Europa (daban el nombre exacto del máster, y hasta sabían quién era su tutor de tesis) y anunciaron que también intentarían arruinar su reputación ante la Pompeu Fabra. La Javeriana investigó y declaró de manera oficial que Sánchez no había plagiado, y concluyó que el acoso tenía que ver con una vendetta personal.