Categoría: Blog El Espectador

Poner el cuerpo

Columna publicada el 4 de mayo de 2016 en El Espectador.

Cuando estaba en campaña para su reelección, una de las banderas de Santos fue la promesa de acabar con el servicio militar obligatorio.  “¿Usted prestaría sus hijos para la guerra?”, le preguntaba emotivamente el presidente-candidato a la audiencia, y el ad hominem le salió brillante, porque Zuluaga, digo, Uribe, su contrincante guerrerista, había salvado a sus hijos del Ejército, mientras que los delfines Santos sí prestaron el servicio militar.

El tiempo ha pasado y hoy el presidente nos presenta algo que parece ser un triunfo: que la libreta militar ya no será requisito para acceder a un trabajo. Parece un triunfo porque muchos jóvenes, los que no querían prestar servicio y/o no podían pagar la libreta, se quedaban sin trabajo por no poder y/o no querer pagar ese impuesto de la guerra. Ahora los jóvenes podrán trabajar sin la libreta, pero tendrán que pagarla en 18 cuotas, es decir, el impuesto de la guerra se mantiene, pero con un “cómodo” sistema de crédito. Mientras tanto, la representante Angélica Lozano alerta sobre un nuevo proyecto del Gobierno que busca que ahora la libreta sea condición para sacar la licencia de conducción y el pasaporte. Y a pesar de que digan que los millenials prefieren la bicicleta, una restricción así atenta contra la movilidad de los jóvenes dentro del país y en el mundo, y por supuesto, afectará más a los que no pueden comprar su salida de entre la espada y la pared.

Patear la lonchera

Estoy muy sorpendida por la reacción de Ernesto McCausland a mi columna del viernes pasado, Vístete de amarillo. Primero, porque yo nunca lo menciono en mi columna, que habla sobre lineamientos editoriales, y él responde con argumentos ad hominem, al mejor estilo de la lenguaraz madre de El Flecha, reconocido personaje de ficción de David Sánchez Juliao. Tal vez la verdadera megalomanía está en pensar que una crítica al periódico es una crítica a él, como si la publicación y el hombre fueran lo mismo.

Quiero reafirmar que yo no tengo ninguna intención de remangarme la camisa frente al respetado periodista, menos cuando mi preocupación no es por él si no por la suerte del periódico que crecí leyendo, una publicación a la que le tengo gran afecto y cuyas páginas hoy paso con desagrado. Más que enfocarse en mis problemas de digitación, el señor McCausland podría leer la columna y comentarla con otros barranquilleros, que de seguro le dirán que opinan algo parecido, pues no soy la primera que comenta sobre el nuevo rumbo del periódico: lo que digo en mi columna se decía ya en las calles, y otros periodistas, como Nicolás Morales de Arcadia le han dedicado párrafos críticos al nuevo editor, ahí sí, con nombre propio.

Un terruño en Internet y un proyecto de jardinería

Antes que nada debo pedir disculpas a los lectores por mi abandono. Durante este tiempo he estado trabajando en reactivar un proyecto que pronto cumplirá 3 años, Hoja Blanca (www.hojablanca.net).De eso justamente quiero hablarles, presentarles este proyecto sin pena por la cuña descarada, pues creo que la manera de mejorarlo es escuchando las opiniones del mayor número de personas.

Hoja Blanca es un medio independiente en desarrollo, un medio experimental que busca entender las nuevas dinámicas de la información hoy en día y que se está haciendo sobre la marcha. Comenzó como un impreso y acaba de estrenar plataforma web, y es un espacio para la libertad de expresión y la discusión de ideas un rizoma de blogs hecho con una dedicada curaduría, como si fuera un jardín, y que espera ser renovable y movil, como los mismos jardines.