La Plaqueja que rompió Internet

Quiero dedicar unas líneas a reflexionar sobre el más reciente caso viral de acoso en Ciudad de México que podríamos llamar “la Plaqueja que rompió Internet” porque es un episodio muy revelador de todos esos debates interseccionales sobre género, clase y raza que desde el feminismo queremos dar.

Resulta que Tamara de Anda, una reconocida bloguera feminista y colaboradora de varios medios iba caminando por la calle cuando un taxista le gritó “guapa”. ¿Quería este taxista entablar una amistad con Tamara (y le digo Tamara porque, antes de que salgan con suspicacias, es amiga mía) o porque pensara que le iba alegrar el día? No. Le grita guapa porque ella estaba ahí y él estaba en su carro, y seguramente hace eso con todas las mujeres que le pasan frente al carro. Mujeres que, como Tamara, se sienten incómodas, intimidadas, asqueadas o como mínimo molestas porque cualquier tipo que esté en la calle crea que puede comentar su cuerpo.

Así como el taxista le dijo “guapa” le ha podido decir “qué tetas” o le ha podido decir “angelito bajado del cielo”. El punto no es la palabra “guapa”, porque a veces a uno le dicen “guapa” porque le está tirando la onda a uno alguien que a uno le gusta y entonces es halagador. A veces un señor español dice “buenos días, guapa”, como el colombiano que dice “quihubo, marica” y uno sabe que no es ni acoso, ni homofobia. Como he dicho muchas veces en este blog, el problema no son las palabras. “Puta” puede ser un insulto o una reivindicación. El caso de Tamara, sin embargo, se trata de un hombre que le grita cosas sobre su cuerpo a una mujer que no conoce y va por la calle. Y todas estamos hartas de eso. Nos caga. ¿Y saben qué es lo peor? Que nos intimida. Que hemos escuchado miles de historias de taxistas violadores, que hemos conocido a montones de taxistas que muy a la Ricardo Arjona nos miran las piernas al subirnos al taxi y optamos por decirles que nos dejen a una cuadra de nuestro destino para que no sepan a dónde vamos. No nos intimidamos por exageradas, sino porque hay antecedentes de peligro. Se los hemos dicho de todas las maneras posibles, pero ni la ciudadanía, ni el gobierno de la CDMX parece tomárselo en serio. O bueno sí: nos han dicho que denunciemos, que qué pendejas nosotras que nos aguantamos en silencio, que si denunciamos todo resuelto y todo va a estar bien. Ajá.

Y entonces Tamara denunció. Tuvo además la suerte de que pasara una patrulla que le hiciera caso en vez de revictimizarla y la llevaron donde una jueza que le creyó y se hizo el debido proceso según unas leyes que por más absurdas que sean, no fueron invento de Tamara de Anda. Fue una cosa atípica que la justicia funcionara. Cuando yo fui a denunciar el acoso de un policía me insinuaron que iban a revisar mi estatus migratorio. Y también fue atípico que ella denunciara, porque no todas las mujeres en esta ciudad tienen ese privilegio. ¿A cuántas le grita a diario ese taxista que no van a denunciar porque las echarían del trabajo? ¿Cuántas saben que esa incomodidad que sienten está de hecho castigada y es una falta administrativa? Muy pocas. Es un súper privilegio. Y Tamara lo usó, porque ni ella ni nadie tiene por qué aguantarse que le griten a una en la calle y mucho menos cargamos nosotras con la responsabilidad de proteger a nuestro agresor, ni más faltaba.

Pero como dije arriba las leyes de esta ciudad son absurdas y el taxista, ojo, el taxista decidió no pagar la multa y se fue a pasar la noche en el Torito. ¿Por qué no pagó el taxista? Pues bueno, ahí hay un problema de clase. Un mirrey pagaba la multa dos veces y sanseacabó. Quizás el taxista es explotado por un patrón que lo tiene trabajando doce horas diarias. Quizás vive en condiciones injustas. Pero estas no son culpa de Tamara de Anda. ¿Le informó el gobierno de la CDMX a los taxistas que si acosan mujeres en la calle tienen que pagar una multa? Me late que no, porque cuando Tamara le dijo al taxista que su grito era acoso y una falta administrativa este se rió en su cara y le dijo que nunca iba a pasar nada, probablemente porque ya lo había hecho antes mil veces sin que pasara nada.

¿Que a Tamara solo le gusta que le digan guapa los blanquitos europeos? Primero no creo que un tuit de hace 7 años (¡7!) sea prueba de eso y si vamos a jugar que nadie madura, ni crece, ni cambia de opinión nunca en la vida estamos jodidos todos.

Por otro lado, uno tiene derecho a que le guste que unos le digan cosas lindas, otros cosas cochinas, otros cosas bellas, y así, porque así funciona el consentimiento. El consentimiento no se trata de que ahora a uno nadie le pueda caer, se trata de que entiendan la diferencia entre coquetear en buen plan y reducir a las personas, especialmente a las mujeres, a objetos para sabrosear.

Ahora, ¿saben qué sí está de la verga? Que la solución para el acoso callejero sea una multa o ir al Torito. Porque eso en nada cambia o educa al taxista, o al resto de acosadores que habitan la ciudad sin darse cuenta siquiera de que incomodan e intimidan. Es el colmo que la ley, como decimos en Colombia, “sea para los de ruana” porque todos sabemos que si el que le dice “guapa” a Tamara es, no sé, Carlos Slim, ni un policía se atrevería a multarlo y quizás ella tampoco habría sido capaz de denunciar. O recordemos lo que pasó con los Porkys que violaron y secuestraron a una menor de edad, casi todos siguen tan campantes, porque hay agresores y agresores con plata y poder.

La vía punitiva es terrible porque no aplica para todos, pero también porque, si aplicara, en una ciudad en donde a casi todos los hombres les han enseñado que la manera de afirmar su hombría es acosar a las mujeres, tendríamos que convertir en cárcel a la mitad de Ciudad de México, porque aquí sí, que tire la primera piedra el (o incluso la) que jamás de los jamases se haya tomado estos atrevimientos de comentar los cuerpos de otros o cosificarlos sin buscar señales de consentimiento. La solución, como lo hemos dicho mil veces, no va por la vía punitiva, tiene mucho más que ver con re-educar a la ciudadanía, y especialmente a los acosadores, a quienes jamás el gobierno de la ciudad ha dirigido ninguna campaña.

Pero en vez de dirigir la insatisfacción por esta injusticia a quien toca, es decir, al gobierno, muchos y muchas han dirigido el reclamo a Tamara de Anda, que no tiene el poder para cambiar las leyes o re-educar a los acosadores. Si le van a adjudicar esa responsabilidad primero voten por ella para delegada (yo lo haría).

Finalmente, culpabilizar a Tamara no solo es inoficioso sino nocivo, porque le mensaje que envía es que este es el lío en que te vas a meter si osas atreverte a denunciar. Primero te van a hacer responsable por el destino de tu agresor, y este chantaje es mucho más poderoso cuando el agresor es alguien cercano. Y si finalmente denuncias, te van a amenazar con violación correctiva, con cogerte a madrazos a la salida de tu trabajo, te van a decir racista, y pinche vieja privilegiada. Eso es lo que le va a pasar a las privilegiadas, a otra con menos ventajas simplemente la matan.¿Así con qué ganas vamos a usar “la denuncia” como nuestra mejor defensa?