Escuela de troles

Columna publicada el 19 de enero de 2017 en El Espectador.

La profesora y escritora Carolina Sanín acaba de ganar una tutela contra la Universidad de los Andes, con un fallo que deja sin dientes a su injusto despido y le exige a la universidad adelantar urgentes campañas contra el matoneo, la violencia de género y los discursos peligrosos que se están dando en el interior de su comunidad.

El fallo es un saludo a los docentes colombianos, pues revierte el mal precedente que el despido de Sanín sentaba para la libertad de cátedra y la libertad de expresión en la educación en Colombia.

El fallo es importante porque es hora de que la Universidad de los Andes, en donde se educan los más poderosos de este país, tome partido en contra de los discursos de odio y el matoneo a grupos vulnerables como las mujeres o la población LGBTI. No olvidemos que hace nada activistas de la comunidad LGBTI eran amenazados con echarles ácido en la cara, a través de Grindr y dentro del campus, sin que la universidad hiciera nada. Luego, en una comunidad online de estudiantes de los Andes, amenazaron con ponerle un ojo colombino a una profesora, Sanín, por denunciar y no aguantarse un meme machista (creado en la misma comunidad) que la objetiza y sexualiza sin su consentimiento, y la compara con comida. Fue tras estos reclamos de Sanín que el rector la deslegitimó públicamente y la universidad le abrió un proceso disciplinario que concluyó en su despido. Tal parece que cuando Los Chompos lo dicen, a la universidad no le incumbe, argumentando que eso “sucede en Facebook”. Ah, pero si es Carolina Sanín quien dice algo en la misma plataforma, y peor, si lo que dice es una crítica argumentada y certera, la universidad sí toma cartas en el asunto. En su comunicado del año pasado, el rector Pablo Navas básicamente dice que en la universidad más poderosa del país la libertad de expresión es para los troles y no para los docentes, para la amenaza y no para la crítica. Lo dice mejor el fallo: “Si lo que buscaba la Universidad de los Andes era limitar el derecho a la libertad de expresión, con el fin de proteger el buen nombre, no se está logrando el cometido si se dejan impunes comportamientos y comentarios cargados de odio, racismo, intolerancia, etc., y se castiga la voz de protesta de una docente”. Es decir, le dice a la Universidad de los Andes que no necesita a Carolina Sanín para darse un mal nombre.

Los Andes tiene que decidir si es un plantel educativo o una empresa privada. Porque si es una empresa privada con ánimo de lucro tiene todo el derecho a poner en cintura a los empleados que “muerdan la mano que les da de comer”. Pero una universidad supone un espacio en donde se construye pensamiento crítico, cimentado en el pilar de la libertad de cátedra, y es imposible que esto suceda si los profesores son mansas ovejitas que no pueden decir y argumentar lo que piensan en público sin el beneplácito del rector.

Para variar, algunos han dicho que el caso de Sanín no es un problema de género. Pero Sanín hizo muchas más críticas antes, hizo críticas siempre, y éstas no le valieron una investigación disciplinaria. Otros, de nuevo, afirman que es que Sanín es grosera y ofensiva. Lo que pasa es que una mujer no puede “subir el tono” incluso cuando es meritorio y necesario, sin ganarse una letra escarlata. El caso de Sanín muestra que los prejuicios y la discriminación por género afectan el derecho al debido proceso, al libre desarrollo de la personalidad, a la libertad de cátedra, la libertad de expresión, el derecho al trabajo y el derecho a vivir una vida libre de amenazas y violencia.

Mal hace los Andes en no ocuparse de sus poderosos troles. Es una muestra de ceguera e ingenuidad. Cuando Trump ganó la Presidencia, un famosísimo trol de ultraderecha expulsado de Twitter, Chuck Johnson, dijo: “Logramos que eligieran como presidente a un meme”. Y sí. Todo lo hicieron a través de un discurso racista, misógino y clasista —como el de Los Chompos— que, como el mismo Trump, se esconden bajo la excusa de “es sólo internet, es sólo una broma”. Los liberales, los progresistas, los Andes, dejamos pasar estos discursos porque no nos lo tomamos en serio. Ya estamos viendo las consecuencias.