A mover el culo, o una defensa del perreo

Recientemente unos ingeniosos y socialmente conscientes fotógrafos colombianos sacaron una campaña para hacernos ver (gracias, no nos habíamos dado cuenta) cuán misóginas y violentas son las letras del reggaeton. Así que las fotos nos muestran a un hombre “comiéndose” a una mujer, a una chica “clavada” contra la pared, y así, en un despliegue de pericia técnica y poca imaginación. Debajo de las fotos se lee “Usa la razón”.

PicMonkey-Collage1

De entrada hay que decir que quien le reclama racionalidad al reggaeton no entiende nada del género y debería irse a su casa a escuchar Sigur Ross. El reggaeton no está para educar, las artes y el entretenimiento no están para educar. Es la educación la que está para educar. Es sorprendente que aún persistan esas maneras platónicas, que no entienden que el arte y el entretenimiento son síntoma y no causa de los problemas sociales, una manera de verlos, asumirlos entenderlos, no de corregirlos. Nadie folla más por bailar reggaeton (ya quisieran) y quien planea dejar la educación sexual de los jóvenes a un género de música simplemente está evadiendo la responsabilidad.

Además, reducir las expresiones del reggaeton a su literalidad no necesariamente muestra la misoginia, que siempre está en la intención de las palabras y no en las palabras mismas, muestra un entendimiento pobre, condescendiente y bidimensional del lenguaje. Según el contexto decir “hacer el amor” puede ser algo cruel, y “clavar” algo tierno. O ¿según quién el Twerking es algo violento? Son muchos los bailes que tienen la función social de cortejo desde el waltz hasta el reggaeton. A mi me gusta mover el culo al bailar, “perreo” que llaman, y no creo que hacerlo deba ser tomado como una invitación a propasarse, de la misma manera que una minifalda y un escote no son una invitación. Qué tan “explícito” es un baile es algo que depende del contexto cultural. Hace algunos años un tobillo podía ser la cosa más erótica y tabú. José María Samper, uno de los “ilustres intelectuales de la patria colombiana” se refirió alguna vez a baile del currulao (ver a video a continuación) como una danza perversa y de “lubricidad cínica”.

Lo que José María Samper quería decir en realidad era que discriminaba al “otro”, que en este caso eran los negros, y que desde su punto de vista clasista y racista sus bailes eran “primitivos” y cercanos a la “animalidad”. Es la misma razón por la que en México son bien conocidas las persecuciones a grupos de reggaetoneros que son tachados de vándalos y drogadictos (como si los que escuchan pop no robaran ni consumieran drogas, ajá) y en más de una ocasión les han cancelado sus fiestas alegando que son “peligrosas”. Incluso aparecieron grupos en redes sociales para perseguir a los reggaetoneros “Haz patria y mata a un chaka”, “quemaré las casas de todos los reggaetoneros” se podía leer, mostrando que los gustos musicales nada tienen que ver con el talante moral. En septiembre de 2012 hubo un enfrentamiento en el D.F. que dejó 133 detenidos pero la Comisión de Derechos Humanos del D.F. dijo que no se habían violado los derechos de los jóvenes en las detenciones, aunque muchos terminaron encanados solo por su look.

Si la verdadera molestia con el reggaeton fuera por la misoginia, habría que protestar contra muchas canciones de otros géneros, rock, pop, bolero, que no son menos misóginos por no invitar a movimientos pélvicos. El éxito pop del verano pasado, Blurred Lines de Robin Thicke (cuyo video muestra mujeres desnudas paseándose frente a hombres vestidos para complacerlos) dice (entre muchas cosas): “I’ll give you something big enough to tear your ass in two” (te voy a dar algo tan grande que va a partir tu culo en dos). Pero ¿cómo? ¿esa canción tan elegante? ¿Tan blanquita?

Incluso el bardo levantahermanas de Ricardo Arjona, cuando trata de homenajear a las mujeres en su clásico oficinero del 8 de marzo, nos reduce a musas “lo que nos pidan podemos, si no podemos no existe y si no existe lo inventamos.” Y es que, claro, para Arjona -que a todas estas ha sido denunciado por violencia doméstica- las mujeres no inventamos. Y para que no me digan que es que Arjona es muy malo, qué tal esa canción de los Beatles que se llama Run For Your Life, y cuyo coro dice, literalmente, corre por tu vida que si te encuentro con otro te voy a matar; o los sueños húmedos de Cosita Linda; o la historia historia del peligroso stalker de la canción más popular de The Police, Every Breath You Take (I’ll be watching you). Si el problema son las canciones que tratan a las mujeres como objetos habrá que protestar contra la gran mayoría de las canciones de amor. El machismo no es un problema exclusivo de los negros, de los pobres, o del Caribe, permea todas las razas, culturas y clases sociales por igual. ¿O les parece muy romántico que les digan “me gusta cuando callas.”?

Usualmente cuando la gente habla de “buen gusto” está creando categorías para excluir y discriminar porque ya todos los estetas modernos dejaron claro que no hay tal cosa como algo bello, verdadero, bueno y universal, lo que hay son estéticas que imponen como “buenas” las clases dominantes para controlar. La ironía es que si hay algo que no van a poder controlar son las estéticas de lo popular y sus malicias irresistibles. Por más que los árbitros del estilo y la moral se esfuercen, lo verdaderamente raro es que alguien encuentre entretenido el Manual de Carreño. La batalla contra el reggaeton está perdida.

Pero la batalla contra la misoginia no. El problema es que el camino no es condenar las manifestaciones de música popular, que si tienen letras misóginas es porque dicen la verdad sobre lo que ven en su entorno y en la sociedad. Alarmarse ante las letras violentas del reggaeton no cambiará la misoginia; combatir la misoginia cambiará las letras. Ayuda más dejar de ver al género como algo homogéneo (hay hasta reggaeton feminista) y pensar que su popularidad puede ayudar, por qué no, a avanzar derechos: por ejemplo, ¿qué tal repartir condones en la fiestas del reggaeton? El reggaeton ha sido, de manera indiscutible, una revolución global que ha cruzado todas las fronteras, ha fruncido el rictus de quienes se dicen correctos (que en secreto salen a perrear). Es inútil y contradictorio tratar de defender los derechos de las mujeres al tiempo que se estigmatiza a un género de música y a un grupo social.