La mierda al mar

Columna publicada el 21 de enero de 2011 en El El Espectador.

Para deshacerse de la mierda hay muchos eufemismos. El último en cobrar vigencia es “Emisario Submarino”. Un Emisario Submarino es un tubo que echa las aguas negras al mar.

Para deshacerse de la mierda hay muchos eufemismos. El último en cobrar vigencia es “Emisario Submarino”. Un Emisario Submarino es un tubo que echa las aguas negras al mar. El primero que se construyó en Cartagena está ubicado en la isla de Manzanillo y descarga las aguas del alcantarillado de la ciudad en la Bahía de Cartagena. No cuenta con difusores ni tratamiento, por eso hoy el turista puede disfrutar de aguas infecciosas adornadas con troncos cubiertos de lama verde.

Como el turista es el habitante más preciado de la ciudad; se tomaron cartas en el asunto con el denominado el “Plan Maestro” (deliciosa ironía, por cierto) y fue ejecutado por Aguas de Cartagena S.A. – ACUACAR, gracias a un préstamo del Banco Mundial, con un costo de 117,2 millones de dólares. El “Plan Maestro” consistió en hacer otro Emisario Submarino, pero más largo y con algunos filtros (léase cedazos, coladores) para el agua.

Según el Plan Maestro, el agua se disuelve rápidamente en el mar, “lo que reduce la concentración de materia orgánica y nutrientes. Después la salinidad, la temperatura, la radiación ultravioleta y las corrientes de mar contribuyen a la reducción bacteriana”. Además, dicen con descaro, “la introducción de nutrientes y materia orgánica en condiciones adecuadas a un ambiente oceánico usualmente deficiente en ellos es beneficioso en muchas situaciones. El mar con su capacidad de asimilación requiere de estas sustancias para el establecimiento de una cadena alimenticia para la subsistencia de sus organismos vivos”.

A pesar del pre-tratamiento que se propone hacer, las aguas negras impactarán negativamente los ecosistemas que están entre el corregimiento de Punta Canoa y Cartagena. Además, CARDIQUE, la entidad que concedió la licencia ambiental al proyecto el 5 de junio de 2001, autorizó que la construcción de la planta de tratamiento que se contempla se realice en el año 2015, mucho después de que haya entrado en funcionamiento el emisario submarino.

Si es que alguna vez se convierte en realidad, porque a pesar de que Cartagena lleva 13 años ilusionada con el Emisario, la espera pinta ser mucho más larga. El Emisario iba a entrar en funcionamiento este año. Los tubos se trajeron desde Noruega y fueron recibidos con un evento de bienvenida en el que todos iban de blanco, según la usanza de la ciudad. Se empezaron las obras de montaje de los tubos, pero el 2 de diciembre, al parecer por el fuerte oleaje, la tubería se rompió, y sus pedazos andan flotando por el mar. ACUACAR se dio de inmediato a la cacería de los tubos que se han avistado por Panamá, y los representantes legales del Consorcio EDT Marine Construction Cartagena Outfall, responsables de la instalación y suministro de los 4,32 kilómetros de tubería del Emisario Submarino, abandonaron la ciudad “como por entre un tubo” después de haberse embolsillado 57.000 millones de pesos.

Aunque los del Consorcio EDT Marine acaban de aparecer, nadie sabe cuánta tubería es rescatable y utilizable, y cuánta nueva se necesitará. Nadie le ha dicho a la ciudad cuánto costará, quién y cómo la pagará, y dentro de cuánto tiempo llegaría. Otro misterio es cuáles, y por cuánto, eran los seguros que amparaban la operación fallida de la instalación del Emisario Submarino, y quién es el beneficiario.


El asunto parece un capítulo de Los Simpsons, algo que pasaría en Springfield; hasta la alcaldesa de Cartagena salió diciendo que le gustaría que los responsables del asunto estuvieran junto con los tubos en el mar, como si ella estuviera exenta de culpa. De hecho, todo sería muy cómico si no fuera porque el tubo a fin de cuentas se paga con plata de los ciudadanos de Cartagena y porque el daño que se hace al mar, principal fuente de sustento de la ciudad, es irreparable.

Lo que sí es, es simbólico. Cartagena no sabe que hacer con sus desechos y por eso decide enviarlos lo más lejos posible, donde nadie los pueda ver, como si con la invisibilidad se desaparecieran los problemas. De igual manera el polvo bajo la alfombra, los guerrilleros al monte, los desplazados a los semáforos y la mierda al mar.