Las chicas malas van a todas partes


Publicado el 5 de julio en El Heraldo, Revista Dominical.

Foto: Helen Gurley Brown

Desde 1972, Cosmopolitan le ha dicho a las mujeres del mundo cómo tener sexo inolvidable, cómo manipular, seducir, y ganarle la partida al ‘sexo fuerte’.

La última edición viene con los artículos genéricos para el verano: citas para el 4 de julio, los mejores vestidos de baño para tu forma de cuerpo, por qué los hombre son infieles, sexo caliente en la playa, la evolución del look de Jennifer Aniston y secretos para hacer cócteles. Esto, más un manual de posiciones sexuales y ‘tips’ de belleza, resumen el contenido mensual de la revista.

Uno podría pensar esta es una revista tonta para mujeres ‘necesitadas de macho’ y superficiales. Cosmopolitan puede parecer totalmente androcéntrica, gustarle a los hombres es su principal tema y bueno, admitamos que eso vende.

Es una revista para mujeres prácticas, que quieren salir adelante. Yo, que crecí leyéndola en las cajas de los supermercados, aprendí un par de trucos que he puesto en práctica con felices resultados. Aún así lo más importante que me enseñó fue a no pedir disculpas por ser mujer, por querer tirar o por usar un escote. Me enseñó que la sexualidad también es un arma y que no debo avergonzarme de usarla.

¿Cómo? Dirán muchas feministas. Si por lo que hemos luchado durante tanto tiempo es por dejar de ser objetos sexuales, porque no se nos defina por nuestro cuerpo. ¿Cuál es el problema con que nos definan por nuestro cuerpo? Las mujeres pensamos con el cerebro y también con el útero, y una diatriba feminista no va a lograr que seamos menos conscientes de nuestros gorditos o nuestras estrías. ¿Para qué luchar contra la corriente, si podemos usar la corriente a nuestro favor?

Cosmo es repetitiva, pero no está en la quiebra, un logro nada despreciable en un momento en que la crisis económica tiene a tantas publicaciones cerrando. Esto es gracias a su imagen atractiva y sus múltiples aplicaciones empíricas.

El milagro se lo debemos Helen Gurley Brown, quien ha sido la editora de la revista durante más de 30 años. En 1962 publicó el libro El sexo y la chica soltera (Sex and the Single Girl), título que definió a lo que se dedicaría por el resto de su vida. Portada tras portada, nos ha mostrado hermosas mujeres en mini-vestidos escotados, con mucho pelo y labios rojos, como si todas sus modelos fueran imitaciones de Jessica Rabbit.

En el periodo de posguerra las mujeres occidentales recibieron muchos ‘consejos’ (tal vez demasiados) sobre cómo vivir sus vidas. Las solteras que no habían conseguido marido eran objeto de lástima, y las que decidían no casarse eran repudiadas. Durante esos años, Brown era secretaria y después trabajó como ‘copy’en publicidad. Puso su carrera antes que su matrimonio y vivía lo que ella llamaba “un estilo de vida superlativo” en el que se permitió a sí misma actuar de acuerdo con sus deseos sexuales, y más importante todavía: no sentir remordimiento.

Las portadas de la publicación son ejemplos visuales de su filosofía. Brown percibió que a las mujeres también les gusta ver mujeres bonitas. Pensaba que sí, mostrar hace que los hombres miren, pero es bueno que a uno lo miren: la invisibilidad tiene muy pocas posibilidades.

Sus publicaciones están dirigidas a mujeres que buscaban trabajos, no carreras académicas, mujeres que necesitaban un feminismo práctico del día a día, sin elucidaciones sobre qué significa el género y todo el bla bla bla feminista.

Brown entendió, por ejemplo, que sus lectoras, mujeres de clase media, necesitaban ahorrar, por eso les aconsejaba dejar a los hombres pagar, sin que eso las hiciera menos independientes o libres. Cuando le decían manipuladora Brown contestaba “yo juego en la realidad”.

En la realidad han jugado las grandes mujeres de la historia. Estoy segura que Catalina II de Rusia, famosa por sus amantes, habría leído Cosmo, Virgina Woolf, cuyo marido le manejaba una imprenta mientras la dejaba en paz para que escribiera y tuviera aventurillas con otras intelectuales de la época, también habría estado suscrita. Ana Mendieta, Frida Khalo, se hicieron famosas por no tenerle miedo a su sexualidad ni tratar de racionalizarla como si fuera algo susceptible de disertaciones.

Ninguna se quedó quietecita en la casa, eran mujeres que más que saber tejer y bordar, sabían abrir la puerta para ir a jugar/trabajar/tirar. Esto es precisamente lo que Brown nos muestra en su revista, puede ser que las chicas buenas vayan al cielo, pero las chicas malas sabemos que se es más poderoso si se puede ir a todas partes.

Questionario Proust a Helen Gurley Brown, en la revista Vanity Fair: http://www.vanityfair.com/culture/features/2007/08/proust_brown200708