Comics, zombies y Jane Austen

Pienso que debo mi feminismo señoritero, en gran medida, a haberme leído en la adolescencia Orgullo y prejuicio de Jane Austen. El libro me enseñó la, tal vez ingenua premisa, de que no necesito ser tonta y sumisa para que un mancito me quiera. La premisa es bien cambiavidas, sobre todo si uno ha crecido en Barranquilla, una ciudad llena de complacientes mujeres con visitos monos en el pelo. Creo, además, que mis abuelas, dentro de su liberalidad me enseñaro a ser una damita, de la capital, que supiera coser, que supiera bordar, y (aquí es donde salió el tiro por la culata) supiera abrir la puerta para ir a tomar. La tergiversación de la cancion infantil no sería posible si no hubiera tenido modelos a seguir como Elizabeth Bennet: femenina, encantadora, ingeniosa y un tris dificil de domesticar.

Incluso cuando mis innegables torpezas emocionales me hacen creer que me quedaré solterona y pobre, criando dálmatas en Cazucá, pienso que la soledad no puede ser tan mala si Austen pudo ser la mujer que fue, escribir las novelas que escribió y, a diferencia de sus heroínas, no casarse nunca.
Creo que Orgullo y prejuicio es un referente obligado para cualquier chica del siglo XXI, pero no puedo pretender, y menos en la era Facebook, que todo el mundo sea tan nerdo. Por eso me alegra descubrir que Marvel ha sacado una adaptación a novela gráfica del libro, hecha por Nancy Butler, ganadora del Rita Award. Paralelamente se ha publicado Orgullo, prejuicio y zombies, de Seth Grahame-Smith, que se firma como co-autor para dar crédito a la autora original y dejar en claro que lo que escribe es una alteración, en la que Lizzie enfrenta su aguda legua a monstruos comecerebro.
Estas reediciones son chistosísimas y evidencian que las novelas de Austen, en un mundo post-feminista, son más vigentes que nunca. Si las chicas de está época vamos a llenarnos la cabeza de pajaritos pintados mejor que estos canten que podemos ser autónomas, independientes y felices. Eso se puede aprender con buena literatura, no sólo con los libros de autoayuda de las cajas de los supermercados.
A continuación un pasaje de Pride Prejudice and Zombies, que prometo traducir cuando tenga más tiempo.

“As Mr. Darcy walked off, Elizabeth felt her blood turn cold. She had never in her life been so insulted. The warrior code demanded she avenge her honour. Elizabeth reached down to her ankle, taking care not to draw attention. There, her hand met the dagger concealed beneath her dress. She meant to follow this proud Mr. Darcy outside and open his throat.
But no sooner had she grabbed the handle of her weapon than a chorus of screams filled the assembly hall, immediately joined by the shattering of window panes. Unmentionables poured in, their movements clumsy yet swift; their burial clothing in a range of untidiness. Some wore gowns so tattered as to render them scandalous; other wore suits so filthy that one would assume they were assembled from little more than dirt and dried blood. Their flesh was in varying degrees of putrefaction; the freshly stricken were slightly green and pliant, whereas the longer dead were grey and brittle – their eyes and tongues long since turned to dust, and their lips pulled back into everlasting skeletal smiles.
A few of the guests, who had the misfortune of being too near the windows, were seized and feasted on at once. When Elizabeth stood, she saw Mrs. Long struggle to free herself as two female dreadfuls bit into her head, cracking her skull like a walnut, and sending a shower of dark blood spouting as high as the chandeliers.”