Cerebros de pollo


Científicos de la Universidad de Nebraska-Lincon publicaron un estudio en la edición de septiembre 19 de la revista Science que examinaba a 46 residentes de Nebraska con fuertes convicciones políticas. En el estudio concluyen que hay una conexión entre la orientación política y la reacción física a posibles amenazas. Las personas con una respuesta más fuerte a las amenazas se inclinaron por políticas como invertir en la lucha contra el terrorismo, el ejército, la pena de muerte, oponerse al derecho al aborto y al matrimonio gay.
Para medir esta sensibilidad los investigadores mostraban a los participantes fotos de imágenes amenazantes mientras medían la electricidad conducida por la piel del participante. También se sometió a los colaboradores a un fuerte sonido inesperado para medir sus reflejos por medio de sensores pegados al músculo bajo el ojo. Estas son reacciones instintivas, que según el estudio, desembocan en una manera de pensar.
Los investigadores no quisieron usar etiquetas como ‘liberal’ o ‘conservador’ (tal vez porque su uso sería insultantemente obvio) pero concluyeron que quienes tenían una percepción más fuerte de las posibles amenazas solían tomar actitudes conservadoras. “No es que los conservadores sean cobardes- dice Kevin Smith uno de los co-autores del estudio- es que las personas que apoyan las ideas conservadoras suelen ser más sensibles a las amenazas externas”, que es otra manera de decir que no es que las gallinas se asusten fácil sino que reaccionan rápida y aparatosamente a cualquier ruidajo.
Los científicos dicen que el estudio puede apuntar a que tenemos diferentes actitudes políticas porque tenemos diferencias físicas y por eso vemos el mundo de diversas maneras. Pero, ¿Si hay un determinismo político quiere decir que no vale la pena hacer discusión? ¿La preeminencia de una tendencia depende de qué tanto se reproduzcan sus adeptos? En ese caso, los liberales, que apoyan el aborto, están jodidos.
Ante el estudio varios conservadores estadounidenses comentaron que el miedo es ‘un rasgo evolutivo superior’ y por ende el letargo de los liberales para reaccionar frente a un posible peligro sería una desventaja. El problema de estos instintos tan ‘avanzados biológicamente’ es que llevan a cosas como la guerra de Irak o la doctrina Bush que no es que precisamente ayuden a preservar la especie humana.
Gracias a este estudio podemos saber que muchas de las ideas que defendemos tercamente con un discurso articulado pueden tener su origen en un instinto que seguro era muy útil cuando de enfrentarse a un mamut se trataba pero que es inoperativo en la sociedad contemporánea. ¿Cuántas de las decisiones que se toman en Colombia se sustentan en el miedo? Muchas, miedo al terrorismo, a la guerrilla, a la pobreza. Estas decisiones desencadenan en una búsqueda de estabilidad inmediata que no garantiza que los problemas se solucionen. El terrorismo, la guerrilla y la pobreza son amenazas mucho más complejas que un mamut, por ende no sirve el mismo modus operandi.
Sin embargo este es el modus operandi colombiano: la búsqueda de comodidad y la evasión de la amenaza. Eso nos convierte sí, en un país de cobardes con cerebro de pollo, que cacarea sin tomar una posición crítica para bien o para mal. Pensar críticamente es humanizarse, nuestro esfuerzo colectivo debe enfocarse hacia convertirnos en un nación, no en un gallinero.
Esto nos exige que revisemos esas ideas. Aunque sea cierto que nacemos con una tendencia hacia una corriente política hay que tener en cuenta que la humanidad es tan compleja que ha superado con creces las decisiones tomadas por el mero instinto. Esa capacidad para abstraernos de sentimientos primarios y hacer un razonamiento lógico es la verdadera ventaja de la especie, no sus rápidos reflejos. Si esta ventaja se aprovecha, y aprovecharla implica ser autocrítico, no seremos conservadores sólo por tener miedo a las arañas, o liberales sólo por amor al precipicio. Si nuestras decisiones políticas se sustentan sólo en una intuición racionalizada no serán mucho mejores que las decisiones que tomaría una gallina.