Una toalla

¿Qué convierte una marca, como Coca-Cola en un ícono? Douglas B. Holt, en el Harvard Business Review, en febrero del 2004 dice que las grandes marcas que se han convertido en símbolos de la cultura norteamericana lo hicieron porque notaron unas necesidades, una serie de angustias en el pueblo consumidor y construyeron un mito. Lo que vende el ícono de una cultura es el mito, de esta manera, querer ser cool, relajado, sociable, joven y encontrarse una Coca-Cola es como juntar un yesquero con pólvora.

Para construir un ícono de la cultura pop hay que apuntar a las contradicciones nacionales, es decir, el ícono de la cultura pop contradice la posición regente en la cultura hasta que se gasta y se convierte el mismo en la posición regente. Los íconos no imitan la cultura popular sino que la lideran, entregan mitos que “reparan” la cultura como el que tuvieron las FARC en sus comienzos. Otra condición importante según Holt es tener una voz rebelde; para articular un desafío creíble y populista a la ideología nacional, las marcas ícono se valen de personas que de verdad viven de acuerdo con unos ideales alternativos y después les piden prestados su ropa, su lenguaje, su estilo de vida.

Tirofijo, se muere viejo, como Elvis, y los medios concretan, en un fin de semana, una iconografía de la guerrilla de las FARC que se venía construyendo hace rato. Tirofijo encarna ahora a esa vieja guerrilla, la idealista, la de verdad, y El Espectador en su editorial de hoy lunes 26 de mayo da la puntada final a la construcción del ícono, el epíteto: el guerrillero más viejo del mundo.

Toda la persona de Tirofijo reúne las características de un ícono, desde la leyenda de cómo se bajó un avión de un solo tiro hasta el fashion statement de la toalla. Audrey Hepburn reinventa el vestido negro de la misma manera que Tirofijo reinventa la toalla al hombro, que hoy, es un icono pop, un objeto político que representa a las viejas guerrillas latinoamericanas venidas a mal. ¿No? Pues este es el discurso que se maneja en el New York Times que lo llama una figura mítica colombiana. La muerte de Manuel Marulanda lo pone en el imaginario mundial como el epítome del líder de guerrilla latinoamericano, bajito, grueso, callado, respetado, con un machete al cinto y uniforme camuflado, figura que sin duda se convertirá en un arquetipo y se repetirá en la literatura, el cine y la televisión.

Ahora que Tirofijo ha dejado de ser una persona viva para ser un símbolo, una idea, una foto, un recuerdo, una toalla, es difícil saber qué finales semánticos tendrá su imagen; si cohesionará o dispersará a la insurgencia, si beatificará o satanizará a las FARC. Lo que podemos decir es que ya es una imagen de la cultura pop y se volverá una figura obligada en el imaginario de las futuras generaciones. Una toalla nunca volverá a ser una toalla.